Iurgi de excursion

26 septiembre 2016

Subiendo un escalón en la fotografía

Hace cuatro años contaba como hacía para sacar fotografías decentes. Desde entonces cayó una cámara nueva en mis manos. Full frame, buena lente, tamaño reducido, pero sin zoom y otros. En cualquier caso las fotos desde entonces mejoraron solo por las posibilidades manuales que me permitía y la clara mejora en la lente. Fotos de Birmania fueron las primeras.

Pero aun así seguía un poco vago. Hace un par de meses decidí embarcarme en un nuevo proyecto. Tocaba experimentar un poco más con la cámara y hacerme con unos cuantos gadgets adicionales. Un trípode, unos filtros, mochila para correr con más capacidad y listo para recorrer Hong Kong de nuevo.

Pero mostrándolo un tanto distinto. Una catarata, la clásica del paseo de Victoria Peak se ve así con la cámara a secas.

Trípode. Filtro ND con el que poder sacar foto de más larga exposición (1,3segundos) y...

ya tenemos el "efecto seda". A la carrera volver a bajar al final del río, casi desde la ciudad.

Y empezar a subir de nuevo.

Junto al cauce.

Alargando el tiempo.

Descubrir que realmente lo que busco no es un sitio con luz. Sino más bien lo contrario. Pocos cambios de luz entre zonas, poder aumentar la exposición a dos segundos, tres, diez...

Y las superficies toman nuevos matices, colores... Manteniendo la nitidez de las rocas abajo y el agua que fluye (pinchar y ver a pantalla completa).

Encontrar una cascada grande que se deje sacar fotos buenas es complicado. Mucha más área. Un día demasiado soleado. Algo de brisa que hace que las hojas se muevan y la toma no quede tan bonita. Pero ahí está.

Y los escalones dejados atrás.

Una ruta que había hecho antes en poco más de 30 minutos que se alarga durante horas. Poniendo y quitando el trípode. Probando los filtros. Las distintas combinaciones de tiempo de exposición y apertura. Interesante.

En estas, Carla, una amiga de las que viene a los hiking, me preguntó si podría sacarle fotos. Necesitaba algo que pareciera vagamente profesional, por temas de trabajo. Le dije que cero experiencia. Que creía saber como iban los principios, pero que tendríamos que tirar fácil unas cuantos centenares de fotos para que saliera alguna decente. Fueron finalmente unas 150 :D

Aprovechando un callejón lleno de grafitis cerca de casa.

Mucho más complicado. Veamos. Alineamos al sujeto con las lineas que marca el entorno, para que guíen la vista hacia el centro, donde ponemos la cara. Apertura en F2,8 para que se difumine la parte de atrás y ella salga definida. No demasiado cerca, que mis 35mm pueden distorsionar si no. Tirando desde algo más alto que ella.

Mmmm... Sin flashes o algo con lo que rebotar la luz sobre la parte derecha del rostro quedan sombras poco favorecedoras. Ella poco natural... Pero bueno, alguna se salvo con el truco estándar de encuadrar el sujeto con lo de alrededor y decir alguna tontería.

Sin photoshop ni material adicional, complicado. Tocará aprender y practicar más.

13 septiembre 2016

Incendio

De vuelta de estar de compras en Mongkok.

Y encontrarme a escasos 100 metros de casa.


Humo, bomberos echando agua desde las torretas.


Muchos camiones de bomberos tirando agua a no parar. Haciendo camino para que pasen otros medios de transporte de emergencia.


"¡Mira!"




El humo vuelve con fuerza.


La gente que se empieza a agolpar a ver de que va el asunto.


Se puede intuir quien está de espectador y a quien le va en ello su sustento.


Es el mercado mayorista de frutas el que está ardiendo. O al menos parte de él. La unidad central de control de fuegos.


Docenas de policías.


Ambulancias y paramédicos.


¿Usar?


Unidad de búsqueda y salvamento.


Y con las horas y muchos medios.


Finalmente se consiguió controlar. Menudo jaleo. Con gran diferencia la mayor fuerza anti incendios que he visto en acción en Hong Kong. Se podía haber armado bien gorda. Porque había camiones y un montón de productos peligrosos por alrededor. Pero al final, dentro de lo que cabe, con los daños mínimos.

29 agosto 2016

Tasmania - La costa

Dejar Cradle Mountain camino a Sheffield donde pararíamos a comer. Verde, verde aquí. Bonito paisaje lleno de colinas, árboles, pastos, caballos, ganado...

El pueblo como tal, de nuevo un poco de western, aunque con un poco mejor pinta que Queenstown. Bonitos murales.

Comida un poco regular. Tartaletas (pie) estilo inglés, que no son de lo mejor. En el centro de visitas nos comentaron que Launceston (la segunda ciudad de Tasmania, que teníamos pensada visitar) no tenía mucho que ver y nos recomendaban ir en su lugar a Beauty Point. Por el camino Joan buscando alojamiento y allí llegamos. Pueblo a pie de estuario. Inmensa playa a muy poca distancia de allí.

Aunque con sol y bastante menos frío que en las montañas, no precisamente un día de playa, pero agradable paseo y cena por las cercanías.

Levantarme a las siete, correr un poco por la playa junto al "camping" viendo los pájaros.

Ejercicios varios mientras ellos daban un paseo, desayunar y coger coche para ver unos "bichos" que nos habían sido esquivos hasta entonces (complicado verlos en la naturaleza).

Ornitorrincos. Patas que parecen similares a las de pato, pero con uñas.

Y pico como el mismo.

Curioso. Y aparte también ver equidnas.

Similar a los erizos que habíamos visto días atrás. Aunque realmente son "parientes" de los ornitorrincos, únicos mamíferos que ponen huevos.

Seguir de camino y parar en un bar de carretera.

Estos puntos son lo único que tienen los lugareños para socializar. Y parece tienen un serio problema con la bebida...

Eso sí, queso y varios bastante buenos también. Joan y Elisabeth disfrutando a tope.

Flores que me recordaban Nueva Zelanda.

Y llegar a destino.

Arena blanca, fina a nivel polvo, y agua trasparente. Vida que se mueve con las olas.

Una pena que siguiera haciendo mucho viento y no apeteciera bañarse.

Bay of Fires, la Bahía de los Fuegos. El nombre viene del color rojo de las rocas en toda la costa.

De vuelta al coche.

A Bicheno. Población costera donde pasar un par de noches. La primera mañana Joan iba a bucear. El frío, más pensar que en cosa de diez días estaría buceando en el trópico, me hizo decidir quedarme en tierra e ir con Elisabeth a un hike cercano.

Sencillo, llegando a río con agua transparente.

Junto al que bajar de nuevo.

Juntarnos para comer y dar un paseo por la costa. Empezando por las monas casetas de nuestro hotel (nosotros nos quedábamos en unas más modestas sin vistas al mar).

Más rocas rojas.

Agradable paseo.

Explicando donde había estado buceando.

Junto con delfines y un montón de langostas. La luz es muy buena en todo Tasmania, dando vida a todo lo que te rodea. Incluidas las flores.

De todos los colores.

Pasar por una tienda a comprar algún souvenir, incluidas postales estándar, y un regalo.

Porque aquella noche celebrábamos un cumpleaños. Un restaurante mediterráneo-turco (Three spices) gestionado por una pareja muy alegre. Buen contraste con la media del servicio hasta entonces, tirando a un poco borde, en general.

Hasta nos ayudaron con la ¡Sorpresa! :D

Y con el anochecer de vuelta a nuestra cabaña.

El siguiente día a Wineglass Bay = la Bahía de la copa de vino, por la forma que tiene.

Empezar subiendo a Mount Atmos. Buena idea esperar a un día que el pronóstico del tiempo era bueno bueno, porque la ascensión y, sobre todo, el descenso con algo de lluvia tienen que ser un peligro.

Empinado.

Bonitas vistas.

Y momento selfie.

De vuelta.

Subir de nuevo esta vez por el camino más habitual.

Y a la playa.

De allí cruzar y seguir el circuito por la costa opuesta.

Algo menos atractiva.

De vuelta.

Con curiosos, especie de, cactus, que parecen más bien muñegotes con peluca.

Aunque bastante tiempo el cielo estuvo nublado y con protector solar desde el principio, acabé algo rojo. Pega muchísimo. Todos los días poniéndonos protector 50+ y muchos con gorra y/o gafas de sol.

El plan después era ir a Hobart, pero parecía que los hoteles estaban llenos para el sábado. Así que decidimos ir a Porth Arthur. Nuestro pedazo apartamento en las cercanías.

Mi habitación.

Saliendo

de camino a la playa a escasos cien metros.

Ir a cenar, con los "mini-canguros" cogiendo los restos.

Tasmania fue poblada inicialmente con el propósito de ser un centro penitenciario a donde mandar a los criminales británicos. Genocidio incluido de todos los aborígenes presentes a su llegada. No hace ni doscientos años... La penitenciaria de Porth Arthur fue un centro de reclusión durante décadas y ahora es punto turístico.

Entrando al recinto.

Ferry que sale a la bahía, pasando junto a la isla en la que se montó el primer reformatorio británico para niños y jóvenes y la isla cementerio.

De vuelta a la zona principal.

Distintos edificios medio restaurados.

Rejas.

Y el cielo y la libertad muy lejos.

Los barracones,

las casas de los oficiales.

Sacando fotos de todo ello mientras J&E se centraban en el museo.

Momento asiático. Me ha pasado una cuantas veces. Un par de chicas que se me acercan para pedirme si les saco una foto y cuando estoy devolviéndole la cámara (GoPro por cierto) me pide si puedo sacarme una foto con ella también, yo "ni soy australiano... creo que no soy parte de lo turístico" :P Sacarnos la foto. Chica malaya bastante mona. Bonito contraste, de nuevo, con las locales que habíamos visto. Con alguna contada excepción, tienen un serio problema de sobrepeso en la isla. Tamaños que no había visto desde que dejé Estados Unidos, llegando a la obesidad mórbida. Hablar un poquito con ella y la amiga japonesa, pero cuando me pillan de sorpresa mi vena vasca "tímida" sale :P así que seguir el recorrido por mi cuenta.

Impresionante la muestra fotográfica en donde se contaba la historia de los ancestros de muchos residentes actuales en Tasmania. Mostrando a estos junto a lo que habían robado sus "bisabuelos". Sentencias de muchos años o vida completa en el último confín del mundo por haber robado un caballo, o en este caso seis pares de zapatos.

Una celda.

Y las normas a seguir.

Los prisioneros están avisados de no cometer ninguna de las siguientes ofensas, por las que serán castidagos: comunicarse o trata de comunicarse con el resto de reclusos, sea con palabras o signos; leer en alto; cantar, bailar o hacer cualquier otro ruido, menos los completamente necesarios en el trabajo que se les haya asignado; no levantarse cuando suene la campana; no mantener limpio...

Iglesias y agradables parques por donde pasear.

Juntarnos los tres y comer algo en el primer restaurante que vimos. La mayoría solo sirven comidas de doce a dos, así que mejor darse prisa si no se quiere acabar comiendo de nuevo sándwiches o tartaletas en algún café. De aquí ya solo nos quedaba volver a Hobart. Pensábamos que sería poca cosa pero nos gustó mucho.

Edificaciones bajas.

Tiendas estilo inglés tradicionales.

Casitas muy monas.

Tiendas de chucherías.

Todo me resultaba muy tradicional británico.

Menos esta peluquería, que asocio más con el estilo EEUU, tal vez incorrectamente.

Todo lo anterior alrededor del centro histórico.

Por lo que habíamos leído, oído y vivido, la gente de la isla tiene bastantes problemas existenciales. Y así se refleja en mucha publicidad que nos encontramos por la calle.

La religión en versión moderna.

Volviendo a la arquitectura, señales de otros tiempos.

También en pequeñas vidrieras en bar cerca del mar.

Volver a la zona de Salamanca Market y última cena en Rockwall Bar & Grill. En general la comida y los vinos, según J&E, no eran demasiado buenos, pero al menos Peppers en Cradle Mountain, el de Porth Arthur (no recuerdo) y este son como para recomendar.

Aprovechando el espacio entre edificios.

Primer templo masónico que veo claramente identificado como tal.

Y un montón de jardines.

Flores

y más flores

en un verano atípico. Durante un tiempo pensamos que era lo normal allí, pero no, confirmado por el periódico que no debía ser tan frío, con nieve incluso en algunas zonas aún en pleno verano.

Más arte extraña en la calle.

En las tiendas principales horarios extendidos, comparado con otras zonas de Tasmania, pero que en Hong Kong serían impensables: prácticamente todos los días a las 17:30 cerradas.

Encontrarnos con una fiesta pre-navidad.

Último vistazo a la ciudad.

Ir a hotel junto al aeropuerto. Despertarnos con el amanecer. Dejar el coche

y comenzar el regreso a Hong Kong.

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